Cómo llegué a ser profesora

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Fachada del Instituto Cervantes de Rabat

Fachada Instituto Cervantes de Rabat. Llegué a ser profesora de ELE un poco por casualidad o quizá por el destino. Al terminar la carrera, tenía dos cosas claras: una era que no quería preparar unas oposiciones para profesora de secundaria y otra que tenía que trabajar en un ámbito que tuviera que ver con la lengua o los libros. La enseñanza de ELE entonces no era demasiado valorada, al menos en el entorno que yo me movía; y además, se nos vendía como algo para lo que era imprescindible el domino de otras lenguas y ese no era mi caso.

De modo que, la enseñanza no era una de mis posibilidades en un  primer momento. En los siguientes dos años, seguí mi formación en biblioteconomía, edición y finalmente en la enseñanza de español a extranjeros. Recuerdo aquel curso como una revelación y como algo muy divertido; de hecho todos los cursos que hice en esos dos años fueron muy interesantes y determinantes para lo que hoy es mi vida.

Por circunstancias que no voy a contar aquí, me enteré de que el Instituto Cervantes de Rabat estaban actualizando la bolsa de empleo de profesores colaboradores y envié mi curriculum con pocas esperanzas. Sin embargo, unos meses más tarde recibí una llamada para que me incorporase allí en el plazo de una semana. Acepté, por supuesto.

Desde que llegué no me faltó trabajo y nunca me arrepentí de haber ido. Los casi once años que pasé como profesora en Rabat me enseñaron mucho en todos los aspectos de la vida. Llegué allí con muchas ganas de aprender y me convertí en una profesora orgullosa de su trabajo y con ganas de compartir experiencias. Al entrar en clase y cerrar la puerta, dejaba fuera todos los posibles problemas laborales y personales. Recuerdo a mis alumnos con mucho cariño, porque ellos me enseñaron a mí tanto o más que yo a ellos.

Y es que a mí, trabajar en clase con adultos que se esforzaban por comprender no solo una lengua sino la cultura del país vecino; personas  que ante situaciones como los atentados del 11-M se acercaban a nosotros para darnos el pésame y para explicarnos que aquello no era la cultura musulmana ni el Islam; padres y madres que estudiaban español porque necesitaban aprenderlo para poder inscribir a sus hijos en el colegio español de gran prestigio en la ciudad; me ha enriquecido en lo profesional y en lo personal y creo que eso es lo mejor que puede darte un trabajo.

A pesar de que  en estos momentos no trabajo, cuando me preguntan mi profesión respondo que soy profesora porque es lo que siento y es para lo que me sigo preparando.  Y aunque he conseguido desengancharme un poco: sigo escuchando canciones pensando en hacer explotaciones didáctica, leo textos o veo anuncios sacando las posibles útilidades para la enseñanza, descubro palabras con diferentes significados en los países hispanos y participo en foros aportando mi opinón. Todo ello, porque estoy firmemente convencida de que ser profesor es algo que no depende de un contrato o un empleo; sino más bien de una forma de enfrentarse a la realidad que nos rodea.

Y para terminar una nota de humor que explica lo atrevidos que somos los que pretendemos enseñar español y lo sufridos que son los que lo aprenden

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